Chávez, cacique de la cizaña

La incursión del ejército de Colombia en suelo ecuatoriano en una acción militar para dar muerte al número dos de las FARC, Raúl Reyes, dio pábulo al caudillo venezolano para sembrar la cizaña y amenazar con guerra al país hermano de Colombia, en una escalada más de búsqueda de su protagonismo megalómano. Ante los rugidos de su primo de Zumosol venezolano, también Correa, presidente de Ecuador, se apuntó al juego y ha roto relaciones diplomáticas con Colombia, a ver si así saca alguna migaja del petróleo del célebre orangután “bolivariano”. Y también Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, que más de una vez se ha tomado un trago con su amigo “Tirofijo”, fundador y número uno de las FARC.
Empecemos por decir que la violación de la frontera de un país es un acto a todas luces ilegal, y así ha sido condenado y reconocido por la OEA. Ya sabemos que Uribe, en su infatigable lucha contra las FARC no suele andarse con chiquitas ni repara en medios. Hasta aquí de acuerdo, pero ahora vayamos al fondo de la cuestión. Veamos quiénes son estos angelitos de las FARC, protegidos y financiados por Chávez y Correa, y que todavía, hoy por hoy, son considerados como revolucionarios por muchos europeos “progresistas” mientras charlan de política tomando el aperitivo en el salón de su adosado. Para hacernos una idea, “nuestros” terroristas de ETA son verdaderas hermanitas de la caridad comparados con los guerrilleros colombianos (o sus enemigos paramilitares de las AUC, que tanto da), que si bien comenzaron como un grupo revolucionario marxista-leninista que luchaba contra un régimen dictatorial y la injusticia social fueron evolucionando paulatinamente hasta convertirse en uno de los grupos terroristas más sanguinarios del planeta. Para hacernos una idea de su carácter “popular y liberador”, un 90 % de la población colombiana, según un sondeo, apoya la acción militar del gobierno de Uribe para matar a su número dos. Pero no es de extrañar. Para empezar este grupo revolucionario se financia en un 78% del narcotráfico (unos 1000 millones de dólares), y el resto lo obtienen de las “vacunas” (lo que llaman los etarras el impuesto revolucionario), los secuestros y el robo de ganado. Se calcula que el 30% de sus efectivos son menores de edad, muchos de ellos niños, reclutados forzosamente bajo amenazas de muerte a sus familias, y no es infrecuente el abuso sexual de ellos (hechos denunciados por Human Rights Watch). Su número de asesinatos se estima alrededor de los 10.000, de los cuales la gran mayoría son civiles campesinos, y entre sus métodos criminales se encuentran el uso de cilindros de gas, “animales-bomba”, armas químicas y hasta el envenenamiento del agua de acueductos. Según las estadísticas de la Campaña Internacional contra las Minas Antipersonales, las FARC son los mayores sembradores de minas antipersona en el mundo, lo cual ha provocado miles de muertos y mutilados, muchos de ellos niños. Entre sus heroicas acciones está el bombardeo de una iglesia abarrotada en Bojayá donde murieron 110 personas. O el más reciente asesinato de 11 diputados del Valle del Cauca, la mayoría de disparos por la espalda y a un metro de distancia, luego de haberlos tenido secuestrados durante cinco años. Se calcula que tienen en su poder a más de 700 secuestrados, entre los cuales algunos llevan cerca de diez años de cautiverio. Luis Eladio Pérez, recién liberado después de siete años, confiesa que lo tuvieron cuatro años encadenado del cuello, amarrado a un árbol. Ingrid Betancourt, la más célebre entre los cautivos por su doble nacionalidad franco-colombiana, fue secuestrada cuando fue a dialogar con ellos en su campaña presidencial. Y lleva seis años. Y luego están los “desplazados”. Miles de familias de campesinos humildes, cuyas casas y aldeas fueron ocupadas por la guerrilla y tuvieron que huir a las ciudades, con las manos vacías. Los he visto mendigando en los semáforos de las calles de Bogotá, familias completas con niños, durmiendo en la calle. Confieso que se me partía el alma. Pues bien, Chávez apoya y financia, desde territorio venezolano, a sus amigos liberadores de las FARC, les ofrece su santuario y ha pedido que no sean considerados internacionalmente como terroristas, sino como “grupo beligerante”. Es una gravísima forma de aquiescencia con sus crímenes, un ataque frontal a todos los colombianos, que simplemente sueñan con un país en paz. Esto no es una ilegalidad, sino una ignominia. Y entre la ilegalidad de traspasar una línea imaginaria en la selva entre Colombia y Ecuador y la ignominia de la complicidad y apoyo a los crímenes de los amigos revolucionarios de Chávez y Correa, qué quieren que les diga, me quedo con lo primero.

Autor: javiercornejog

Artículos publicados por Javier Cornejo en diferentes medios

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