Semáforos con faldas

He tenido la fortuna de ser testigo de uno de los fenómenos más trascendentales de la Historia de Ceuta, tanto pasada como presente y futura; un cambio radical que sin duda alguna transformará para siempre el destino de la entrañable ciudad caballa: al muñequito de los semáforos que da paso o impide cruzar la calle le han puesto faldas. Y pelo largo. ¿No se habían fijado ustedes? Pues sí, han cambiado los semáforos de la ciudad (un pastón, supongo), y con ello han dado a la ciudad un aire de vanguardia y modernidad que no tiene nada que envidiar a las ciudades más avanzadas del planeta.
He reflexionado sobre los motivos que han podido dar lugar a tan fundamental transformación urbana, y se me han pasado por la cabeza los siguientes.
Debo suponer que a alguna cabeza iluminada –sea la ministra de Igualdad o algún miembro o miembra de la Asamblea de la ciudad- le parecía que los que había antes eran machistas, es decir, que el icono-muñequito que representaba al peatón era un varón, a pesar de ser una imagen esquemática que constaba de cabeza, cuerpo y extremidades y no se apreciaba en él, que yo sepa, atributos viriles que le significaran como tal. Tampoco me consta que hubiera mujeres que cuando se iluminaba “el macho verde” del semáforo que da paso al peatón pensaran que la cosa no iba con ellas y se inhibieran de cruzar la calle esperando que al muñequito le creciera el pelo y le salieran las faldas para poder pasar. No conozco ningún caso, pero puede que algún responsable político de nuestros destinos sí, y haya habido un aluvión de mujeres quejándose de que jamás podían cruzar la calle por no sentirse representadas por el muñequito. Todo es posible.
Puede –estoy casi seguro- que el autor de la brillantísima idea, a quien propongo desde ahora para todos los premios nacionales e internacionales que existan como mérito en la lucha por la igualdad de sexos, piense que es un o una feminista de cojones (y perdón por el oxímoron). Sin embargo, si rascamos un poquito en el trasfondo de la medida está a caballo entre la estulticia más severa y un machismo subconsciente muy torpemente disimulado.
Y pienso esto porque el muñequito peatón de toda la vida era un esquema que a mí se me antojaba bastante asexuado, neutro, casi hermafrodita, y hace falta tener una mente muy retorcida, maleada o ser un pervertido/a sexual para imaginarse el muñeco como un prototipo del macho ibérico cargado de testosterona. Quien así lo viera debería hacérselo mirar y ponerse urgentemente en tratamiento médico para evitar males mayores. Peor aún es que el genial autor de la metamorfosis urbana que nos ocupa no haya tenido mejor idea para convertir el muñequito neutro en mujer que ponerle pelo largo y unas faldas por debajo de las rodillas que parecen de lagarterana o de hace cincuenta años. Así ve el autor/a a las mujeres y tal vez piensa que son sus rasgos más característicos y que mejor la definen. No sé si es simplemente mal gusto hortera rayano en el esperpento o un preocupante machismo subliminal. Probablemente las dos cosas.
O ninguna de las dos. En el fondo creo que es, pura y simplemente, ese populismo barato de lo políticamente correcto que se ha convertido en la más chusca de las dictaduras, que nos invade por doquier y que aplaudimos hipócritamente mientras en el fondo reprimimos la carcajada.
Aunque, bien pensado, creo que la operación “semáforos con faldas” debería alegrarme. Que los políticos de la ciudad hayan decidido gastar unos cientos de miles de euros (o lo que sea) en sustituir los semáforos insultantemente machistas me hace suponer que todas las demás necesidades de infraestructuras urbanas y sociales de la ciudad están perfectamente cubiertas y atendidas, y que todos los barrios de la ciudad gozan de unos excelentes servicios. No hay más que darse una vuelta por los barrios periféricos para comprobarlo: limpieza, alcantarillado, mobiliario urbano…Todo está perfecto. Y no digamos servicios sociales: casas de acogida para mujeres maltratadas, protección a la infancia, trabajadores sociales…No nos falta de nada. Sólo faltaba tirar a la basura los semáforos viejos y machistas y comprar nuevos con faldas. Ahora sí que podemos decir que vivimos en una ciudad idílica, sin discriminación por razón de sexo y perfectamente igualitaria.
Se acabó el machismo en Ceuta: nuestros semáforos tienen faldas.

Autor: javiercornejog

Artículos publicados por Javier Cornejo en diferentes medios

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