Jóvenas, miembras y monomarentales

Escribo con el programa Word, como casi todo hijo de vecino en estos días, y al escribir el título de mi columna de hoy el corrector automático me ha subrayado en rojo con estrépito (hasta me ha parecido escucharle un grito de espanto) todas sus palabras e incluso se ha permitido el lujo de cambiarme él solito la última y sustituir la segunda m por una p, pensando que se trataba de un lapsus o una errata del zoquete que esto escribe. He reconvenido al corrector de mi ordenador, y le he llamado machista, sexista y maltratador de “género”. A ver si aprende que sí existe, que lo dice el gobierno.
Claro, que el pobre corrector no tiene la culpa pues se limita a subrayar lo que en su ingenuidad piensa que no existe en la lengua castellana, y podría tener sentido si se tratara de necesarios neologismos aún no recogidos por la Academia, que según su proceso de elaboración debe esperar varios años para constatar su real implantación en el lenguaje de los hablantes, incluirlos en el diccionario y así perder su condición de neologismos.
Es evidente que todas las lenguas cambian y evolucionan, pero estas mutaciones responden, entre otros factores, a necesidades de comunicación y suelen producirse en un proceso de evolución espontánea. Pero desde luego no suelen- o no deberían- producirse jamás a consecuencia de la ignorancia de unos políticos que, en la soberbia que les proporciona el poder, se arrogan, en un intolerable gesto de despotismo, hasta la potestad de intentar cambiar una lengua.
Lo de las “jóvenas” lo he encontrado en el nombre de una asociación cordobesa llamada “Colectivo de jóvenas (sic) feministas”, que reivindican, entre otras sandeces, la imposición de las palabras “lideresa”, “marida” y “miembra”. Desconozco el predicamento con el que contará este colectivo (¿o debería decir “colectiva”?), pero he averiguado que en el año 2006 obtuvo el Premio Meridiana, por “su compromiso feminista en la lucha por la igualdad, los derechos y la dignidad de las mujeres”. Me conforta saber que el premio no es por méritos de excelencia lingüística.
No voy a extenderme ahora en explicar lo que en gramática se llama un marcador o morfema de género, o lo que es el género epiceno, algo que cualquier estudiante de los primeros años de secundaria debe saber, pero que parecen ignorar por completo nuestras comprometidas “jóvenas” de Córdoba. Tal vez no han alcanzado ese grado de escolarización o el día que se dio el tema en la clase de Lengua faltaron a clase, qué culpa tienen ellas.
A quienes sí supongo en posesión del título de bachillerato (o “bachillerata”) es a nuestra simpatiquísima y “jóvena” Ministra de Igualdad, y a la Directora General del Instituto de la Mujer, responsables de los dos últimos regüeldos lingüísticos, el último recogido ya en una resolución del BOE de fecha 29 de abril de 2008, para darle mayor oficialidad a la cosa. Las “familias “monomarentales” supongo que son las que cuentan con una sola madre, cosa bastante frecuente en nuestra cultura, pues, como es bien conocido por la sabiduría popular, madre no hay más que una. Y como coherencia obliga, en próximas resoluciones legislativas deberán hablar de los parientes y las “marientes” (o “marientas”, no sé), o de la parentela y la “marentela” y así podríamos seguir por un buen rato. No sé si con estas simpáticas ocurrencias de nuestros políticos se promueve realmente la igualdad y se combate el machismo, pero desde luego sí se fomenta bastante el entretenimiento y la risa en la calle, lo cual siempre es positivo, relaja los ánimos y ayuda a sobrellevar la crisis. Si no que se lo pregunten a la señora Bibiana, de profesión ministra, los buenos ratos que nos ha hecho pasar a todos con lo de las famosas “miembras”
Y ya que parece que el gobierno se ha atribuido la potestad ya imparable de modificar e innovar nuestra lengua, cosa que ya empezó a hacer cuando decidió que los hombres y mujeres no teníamos sexo, sino género, en la famosa Ley de Violencia de idem, no sé a qué espera para empezar a utilizar, preferiblemente en el BOE, términos como “heterogenéricos” y “homogenéricos” en lugar de homosexuales y heterosexuales, “transgenéricos” en lugar de transexuales y “bigenéricos”, en lugar de bisexuales. Un mínimo de coherencia, por favor. Si quieren renovar nuestra obsoleta y trasnochada lengua por decreto, no lo hagan a medias. Las cosas se hacen bien o no se hacen.

Autor: javiercornejog

Artículos publicados por Javier Cornejo en diferentes medios

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